Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez

Los mejores cuentos de Mariana Enriquez están en esta delicia de libro. Inquietante y perturbador, nos sumerge en una Buenos Aires siniestra, donde los fantasmas andan sueltos y ni se han dado cuenta.

El paisaje siniestro de Mariana Enriquez

Si hay algo que me cautiva de Mariana Enriquez, es como lo pone todo cerca. Lo que antes parecía lejano, algo que le ocurriría a otras personas, dentro de su universo se convierte en una posibilidad acechante, algo que pudiera ocurrir en tu barrio, o a alguien a quien ves cada día. En Un lugar soleado para gente sombría encontré doce historias implacables, ominosas y de alguna forma posibles, y eso fue lo que me resultó más aterrador.

 

El compendio abre con un cuento titulado Mis muertos tristes. Vaya. Pareciera que en esta historia se cristalizara el horror que hemos sentido tantas veces en las calles de las ciudades latinoamericanas, al caminar por la calle y ser asaltados por un adolescente enarbolando un cuchillo. La incertidumbre de salir de la casa y no saber si uno va a volver o no, porque cualquier loco puede vaciarte una pistola en la cara. Solo porque sí. Imagínate que, en ese mundo en que muchos hemos vivido, los muertos —conocidos y desconocidos— persistieran. Se quedaran conviviendo con nosotros, haciéndonos sentir incluso la culpa de abandonarlos. ¿Qué harías si alguien te toca la puerta en mitad de la noche? ¿Le abrirías la puerta sabiendo que está en peligro? ¿O cederías al instinto de protegerte ante todo? En este cuento, Mariana explora esta sensación, y en el fondo de la mente uno no puede evitar sentir el peso de la indiferencia social y el olvido colectivo. Cómo cada vez es más fácil pasar de largo cuando un mendigo nos suplica por su vida en la calle.
No seré yo quien les arruine la experiencia de leer este libro, hablando de más, aunque me siento muy tentada a hacerlo. Solo les diré que hay un par de historias magníficas, como La desgracia en la cara, Metamorfosis y Cementerio de heladeras. En la primera, el horror se manifiesta en la pérdida de la identidad de una forma inesperada. El segundo, es una suerte de body horror, ante el cuerpo mutilado. Y la última, nos devuelve a una infancia precaria, donde una vieja fábrica de heladeras —refrigeradores— abandonadas, en un pueblo que se desmorona, se convierte en metáfora de una economía y una memoria en decadencia.

Tuve la oportunidad de estar en un Taller Virtual con Mariana y me encantó escucharla hablar abiertamente de sus influencias, como Lovecraft o Stephen King, pero sobre todo sobre la importancia de este género que a veces es marginado. Uno de sus grandes logros fue recobrarlo y darle el sitial que merecía en la literatura contemporánea. Y, a modo de chisme, ella dice que su cuento favorito en este libro, si le tocara elegir uno, sería quizás Diferentes colores hechos de lágrimas. Es increíble. El relato articula fantasías violentas y sexuales sobre mujeres como cuerpos dominados o eliminados. Una dura crítica al machismo y a la impunidad.

Yo creo que Mariana Enriquez no escribe horror para asustar, sino más bien para dejarte incómodo en la silla. Para decirte: “oye, este mundo está podrido”, sí, pero a la vez para mostrarte que la podredumbre puede ser hermosa. Que hay placer en el asco, que hay deseo en lo que duele, y sobre todo que existe una forma rara de redención en mirar lo abyecto sin parpadear.

¿Quieres leer más?