La traición de mi lengua de Camila Sosa Villada

Un relato corto, incómodo, erótico, doloroso, honesto, iracundo, voyeurista, tierno. A la prosa poética de esta autora argentina, no le importa lo que piense la gente. Ella se escribe porque es du derecho.

La escritura de lo que no se dice

He sido atravesada por la lengua de Camila Sosa Villada. Sí, sé que pueden parecer palabras para describir un encuentro erótico, y en un sentido quizás lo fue. Sobre todo cuando hablamos de esos encuentros bruscos y tiernos también. Así es la prosa poética de esta actriz, dramaturga y escritora argentina cuya voz disruptiva y luminosa nos revela el interior de un mundo -su mundo- a través de una narración fragmentaria, en la que son invitadas las memorias, las ficciones, las brujas y los sueños. ¡Qué dominio del lenguaje! La imagino toda dominatrix, azotando las palabras y haciéndolas llorar de placer. Pedir más.
Es una narración brevísima y escurridiza. Me tomó un par de horas leerla, y al finalizar comencé de nuevo, porque me quedé con sed. Como si hubiera sido arrollada por una ola de belleza, de rudeza y de asombro.
Camila Sosa Villada recibió el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2020 por su novela Las Malas, y desde entonces su nombre aparece en la pantalla de mi móvil con cierta insistencia seductora. Opté empezar leerla con esta narración breve, que me sedujo por su título y que figura en las novedades de 2025 editadas por Tusquets Editores @tusquetseditores
Este libro es para ti si amas la lengua, si no te espantas ante la honestidad brutal, si quieres tocar el alma a una mujer que no le importa si se la tocas o no. Ella la exhibió en estas páginas como si se tratara de un evento performático, dramatúrgico e indiscutiblemente íntimo -y ocasionalmente incómodo. Está a tu disposición, por un ratito.
En La Traición de mi lengua la escritora explora su gesto de su escritura. “Me escribo”, afirma. “Es mi derecho escribirme y no saber”. Pero uno como lector sabe. Actúa como un espectador de sus traiciones, de sus intimidades, de sus secretos, y de la violencia omnipresente de sus memorias. Pero no se confundan. Sosa Villada no se victimiza. Por el contrario. De la oscuridad emerge una mujer que usa la escritura como apalancamiento para salir del abismo, como bastón para transitar el mundo, y como herramienta de placer y displacer para gozarse. Pareciera que es para ella un acto inevitable.
Tratar de categorizar el libro es una pérdida de tiempo. Y además, absolutamente innecesario. ¿Un poemario? No. ¿Una novela corta? Tampoco. ¿Un relato autobiográfico con tintes de Marguerite Duras, y con poemas disfrazados de prosa? Quizás. Solo les digo que para encontrar la línea narrativa en esta historia, te verías obligado a armar el rompecabezas desde los fragmentos. Piezas que nunca encajarán por completo, porque no se trata de un puzzle deliberado, sino de algo que se cayó, se rompió, y nunca volverá a unirse a la perfección.
No subrayé el libro, porque hubiera tenido que subrayarlo todo. Lo que traicionó Camila Sosa Villada no fue su lengua, sino su más profunda intimidad. Nos contó lo que no se dice. El secreto. Aquella vez que vio a sus padres teniendo sexo y tuvo su primer orgasmo con solo nueve años. Ella fue partícipe, comulgó de ese triángulo amoroso que despertó su deseo, y nos invitó a sentarnos junto a ella en una sillita infantil y pequeña, y contemplar la escena en silencio. Lo que cada uno sienta al leerla, es cosa suya. Cada quien con sus traiciones.

Lo leí completo el 14 de agosto 2025.
Tusquets, 2025
88 págs.

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