Conferencia sobre la lluvia, de Juan Villoro

Un bibliotecario olvida sus notas cuando debe dar una conferencia, y se ve obligado a improvisar. Un monólogo magistral y brevísimo perfecto para introducirse en Juan Villoro.

La lluvia como metáfora del lenguaje y la memoria

Descubrí a Juan Villoro en un video de youtube cuando estaba estudiando la obra de Juan Rulfo. Fue una conferencia que dictó en junio de 2016, en el Colegio Nacional de México, donde se discutieron varias novelas de la literatura mexicana. Hubo algo en la forma en que se expresaba, en la delicada agudeza de su discurso, que me atrapó de inmediato y sembró su nombre entre mis sienes en forma de semillita curiosa. Debo leerlo, me dije. Solo era cuestión de tiempo, o de que el libro iniciático encontrara a una adepta más para su culto. Y así fue. 

Algún poco tiempo después, visitando La Cotidiana, una de mis librerías favoritas en El Retiro, Antioquia, una librera excepcional me miró a los ojos con una convicción que ya aprendí a reconocer, casi como un mandato ontológico : “No dejes de leer Conferencia sobre la Lluvia de Juan Villoro”. Y lo compré de inmediato. Ese era. Un librito con apariencia más bien de libreta de notitas de niña bien, en una edición bonita y simple de la grandiosa editorial Angosta. La publicación está enmarcada dentro de la colección Delta donde, declara la editorial, “publicamos lo que parece fugaz y sin embargo es duradero, como las aguas de los ríos que fluyen sin cesar hacia el océano”.

Esa misma tarde, un 17 de septiembre, lo leí en ráfaga. Lo devoré como devoran los ojos un relámpago. Y como suelo hacer cuando un libro corto me gusta demasiado, al terminar, volví a empezar. Esta vez deteniéndome en cada línea, saboreando sus palabras; después del atracón, viene la calma.

Primera sorpresa: No era un ensayo, ni una novela, ni un cuento, sino un monólogo. Conferencia sobre la lluvia fue estrenada en 2013 para inaugurar el teatro Antonieta Rivas Mercado, en México. Un bibliotecario entrado en años acude a la cita para impartir una charla sobre la relación entre la lluvia y la lectura, pero pierde sus notas y se queda a solas con su discurso, que empieza a descomponerse en fragmentos anecdóticos, pensamientos, inseguridades y, más allá, en una meditación poética sobre la soledad, la pérdida y la fragilidad de la palabra. Dice Villoro en la introducción: “Me pareció lógico que el protagonista fuera un bibliotecario y que su modo de expresión se basara en un género que practico con temor y entusiasmo: la conferencia. Siempre me ha intrigado la posibilidad de perder el hilo del discurso y convertir la exposición de ideas en una confesión. ¿Hasta dónde controlamos lo que decimos? Al modo de un actor, el conferencista puede olvidar sus parlamentos o sucumbir a la tentación de revelar algo incómodo o devastador. Conferencia sobre la lluvia surge de ese predicamento. Los devaneos de mi bibliotecario se inscriben en la larga estirpe literaria de la digresión, es decir, en el distraído arte de decir una cosa para hablar de otra”.

Así, una experiencia, que originalmente se suponía académica, se torna en una exposición emocional improvisada. 

Es aquí donde encuentro la primera genialidad del monólogo. Villoro nos propone una estructura metateatral, donde el bibliotecario reflexiona sobre el acto de hablar en público, pero a la vez revela la dificultad para poner orden en el caos interior de su pensamiento errático, que reacciona a la palabra “lluvia” y se transmuta en recuerdos personalísimos y de gran belleza literaria. El papel de la palabra se expresa como un refugio frente a la intemperie: la lluvia que moja, y no solo en el exterior sino que también empapa la mente y forma lagunas. 

El lenguaje es simple pero refinado, con mucho lirismo y algo de ironía. Otro tanto de melancolía. Y mucha humedad. El público es invitado a identificarse con el nerviosismo de olvidar el discurso, como si la misma lluvia barriera las palabras hasta desaparecerlas. La lluvia es un símbolo de la memoria, un fenómeno que encharca los recuerdos y borra los límites entre lo que se quiso decir y lo que se termina confesando.

Les comparto uno de los fragmentos iniciales que más me gustó, porque ante este pequeño gran libro, me declaro lluvia. Las palabras se me mojaron y ya no soy capaz de recordarlas con precisión. Toca citar:

“La literatura es un lugar en el que llueve. He dedicado buena parte de mi vida coleccionado chubascos literarios. Me he quemado las pestañas buscando citas. La frase es arcaica. Lo sé. Es más vieja que yo, viene de cuando se leía con velas. Pero las pestañas de los grandes lectores se siguen quemando. Ahora se queman por autocombustión. Arden al advertir la lumbre de los textos.Apenas me quedan pestañas. Dirán que nunca las tuve: Falso: las ofrenda como ofrenda mi vista. Una biblioteca es un banco de ojos. Allí están las miradas que han donado los lectores. A veces la lluvia es aliada de mis conferencias. En esta ciudad caen tormentas torrenciales. “Llueve como llueve Dios”; decía Neruda: “como si saliera la lluvia por vez primera de su jaula”. 

Como la Internet es un lugar maravilloso, encontré en línea y gratuitamente el monólogo, representado por el actor Arturo Beristain, de la Compañía Nacional de Teatro. Los invito a mojarse en su belleza.

Empezada y terminada el 17 de septiembre  2025

Editorial Angosta
59 páginas
Autor en instagram  @jvilloro

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